Oporto: Falocracia en cuesta
Casi una semana después de que se acabase la incursión sectaria en Oporto por fin encuentro un rato para contar lo que aconteció en esos días que, a mí por lo menos, no se me olvidarán en muchísimo tiempo.
Me salto toda la parte del avión y demás, que se desarrolló sin más sobresaltos, para situarnos directamente en la estación de metro de São Bento, en pleno centro de Oporto. La primera impresión nada más llegar era que nos habíamos metido en una máquina del tiempo que nos llevaba directamente al año 92 en España, por no hablar de que atrajimos al primer weirdo del viaje (aunque siendo realistas, mucho menos creep que lo que te puedes encontrar en la mayoría de las ciudades europeas). Bajamos una cuestaza y nos encontramos con nuestro albergue (http://dixosoportohostel.com/). Básicamente nuestras sospechas se confirmaron, nos habíamos metido en el albergue más guay del mundo conocido, un lugar precioso, con el staff más divertido y humano (mención especial para Joana, que nos dio los mejores consejos) y con una habitación genial que disfrutaríamos el resto de nuestra estancia.

El primer día, y considerando lo mórtimer que estábamos (habíamos dormido solo en nuestros respectivos buses al aeropuerto) nos lo tomamos como un día para relajarnos y así que el pobre Andy no se perdiese nada importante. Ya de primeras y gracias a Joana, comimos en el restaurante portugués más auténtico de la historia. Escondidísimo en medio del barrio, era el típico bar en que ni siquiera hay carta, solo lo que ofrecen ese día. Todavía se nos cae la baba cuando nos acordamos de la dorada a la brasa que nos comimos y el vino blanco fresquísimo que nos sirvieron, también nos acordaremos mucho tiempo de que toda la jarana saliese por poco más de 5 euros por cabeza. Ese fue el momento en que terminamos de confirmar nuestras sospechas, Oporto es barato a rabiar.
Esa misma tarde también descubrimos que el lugar tiene muchos placeres que ofrecer al visitante despreocupado. Así, nos bajamos a la ribera del Duero a tomarnos el café matinal al solecito, mientras que unos músicos tocaban la que sería una de las canciones del viaje, bautizada por nosotros como “Soy tu tía” (Soy tu tía/ Soy tu tía/ Si tú me quisieras/ que feliz sería). El resto del día ganseamos esperando la llegada de Andy. Cuando por fin llegó, Maruja y yo fuimos a recogerlo y un mendigo nos dio la murga (primero en francés y luego en español) para que le soltásemos algo, al final le di 22 céntimos (todo lo que llevaba en el bolsillo) para que dejase de darnos la chapa en esa cuesta de la muerte perpetua que es Oporto. Esa misma noche y con un sueñazo encima que no podíamos ni cantearnos descubrimos el McDonalds del centro, ubicado en un antiguo campo de concentración de la época soviética (no, pero mola pensarlo por su decoración estilo imperio). Al final, para coronar la jornada, nos fuimos a “explorar” por Oporto, lo que derivó en que Marujón intentase meternos en un ghetto a medianoche y nos medio perdiésemos, aunque al final todo quedó en agua de borrajas.
El siguiente día comenzaba lo bueno. Nos fuimos a hacer el walking tour del albergue con unos cuantos guiris, entre los cuales no se encontraba por desgracia una tía que se dejó todo el percal del desayuno en la mesa a la que bautizamos (bauticé) como Lourdes María Chichone, más por sus cejuncios que por otra cosa. Esa mañana fue intensa y nos recorrimos Oporto con todas las consecuencias (agujetas modo ON). Aunque valió mucho la pena porque vimos un montón de lugares guays, nos enseñaron por dónde salía la muchachada local, nos metimos por barrios llenos de callejuelas (y presenciamos con toda la vergüenza ajena del mundo y más como una señora y un obrero gritaban alternativamente “Porto” y “Benfica” en una batalla por la supremacía futbolística de… Portugal), nos leímos el gran libro de las pollas en 3D en la librería de Harry Potter… Y después de todo el trasiego, Francesinha que te crió y tanques de Super Bock (desde ya condumio co-oficial de la Secta). Aún con todo lo borrachos que íbamos, ese día aún nos dio tiempo a montarnos en el funicular, que fue la experiencia más fusteless de todo el viaje, aunque las vistas tenían su aquel. Creo que este también fue el día en que Mjout se comió en medio de la calle un cartel de helados e hizo que la señora propietaria de la tienda saliese para recolocarlo, con las consecuentes risas a morir.
Esa noche tuvimos una cena-performance de lo más animada, sobre todo en el momento en que el bar cerró su persiana y apagó las luces y nos dejaron en medio de la calle cenando a la luz de las farolas, sin absolutamente nada alrededor. Andy vivió un momento de indignación absoluta pero a mí me pareció de lo más divertido, sobre todo porque él y Mjout se tuvieron que comer un filete de panga en lugar de los macarrones que pidieron, y yo una ensaladita porque iba literalmente lleno de mierda, aunque sin culpabilidad alguna.

Después nos lanzamos a la maravillosa aventura de la vida, así que pese al cansancio nos fuimos a beber a la Plaza de la Universidad unos litros (sí, es legal beber en la calle y sí, es legal comprar cerveza fría de madrugada). El primer contacto con los locales fue cuando un chaval se nos acercó a pedirnos un cigar y le hicimos cantarle a Mjout el cumpleaños feliz. Un rato después, volvió el mismo chaval con otros dos (entre los que estaba una chavala todo loca y borracha). Y lo que vino después fue sencillamente hordas de chavales portugueses con los que estuvimos toda la noche. La verdad que hermanamiento Portugal-España YA, y más cuando el otro hermanamiento posible es con este país de privaciones y caras largas que es Francia. Lástima que todo derivase en una pelea lame entre un señor que era un horror y otro señor que era otro horror. Para desgracia mía casi me llevo una por estar en medio aunque todo se resolvió en insultos graciosos en portugués (ese idioma que jamás suena serio).
El sábado se nos planteaba intenso. Primero porque habíamos dormido tirando a poco y segundo porque teníamos un masterplan para todo el día brutal. La mañana comenzó en un bello mercado que comenzaba con una cuesta como las de Afganistán llena de yonquis (esta gente aún no ha descubierto la cocaína) vendiendo su mierda o la de otros para costearse jaco. Todo MUY años 80. Para nuestra sorpresa y en especial para Mjout y yo que no cabíamos de nuestro gozo, finalmente el mercadillo era genial y nuestra excursión se saldó con un vinilo raro de Soul Jazz Records y carretes a tutiplén para la cámara de Mjout a… ¡un euro! Ese mismo día comprobamos que todo se puede mejorar, y nos metimos a un pedazo de restaurante que te mueres (en plan todo muy de diseño) en el que tuvimos la comida de cumpleaños de Mjout (sí, el 26, pero bueno). Al final comimos como dioses, nos pimplamos un par de botellas de vino blanco que estaba jamón, nos tomamos unos postres increíbles… Resultado: 10 euros. Y ahí sí que decidimos que hemos encontrado el país de nuestros sueños, en el que el buen vivir, sin toda la ranciedad española post creernos Alemania, habita everywhere.
Tal y como todo apuntaba, ese día fue todo amor y acabamos dándonos una vuelta por el centro, yendo a una heladería vintage, visitando otro mercadillo (no dejéis de pasaros por http://www.oupasdesign.com/ y entenderéis por qué quedamos prendados del trabajo de estas chicas tan simpáticas) y al final fuimos a un parque muy chulo lleno de pavos reales a comernos un cubo gigante de palomitas de caramelo, con unas vistas de la ciudad increíbles durante el atardecer.

Y justo cuando parecía que no nos podíamos superar, fuimos a un restaurante vegano Hare Krishna en el que había que llamar al timbre para que te abriesen. Para quienes no sepáis qué es un Hare Krishna, dentro vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=kUJLn7645Zs. Cenamos en el patio y la vista era insuperable. Momentos mamarrachos a resaltar:1. Pasarnos media cena hablando de prácticas sexuales y droga. 2. El momento en que la propietaria nos preguntó: ¿Conocéis el campamento Hare Krishna de las afueras de Madrid? (que nosotros cambiamos por: ¿Conocéis el campo de concentración Hare Krishna de las afueras de Madrid?). 3. Todo muy vegano pero el Tomate Solís que llevaba por encima el plato principal no se lo quitaba ni el Dios Hare Krishna.
Tras este atentado terrorista contra el sabor, nos retiramos al albergue primero con esperanzas de salir a darlo todo y más, después solo a morir lentamente después de un día tan intenso.
Nuestro último día se planteaba más tranquilito aunque al final fue un no parar otra vez. Por la mañana fuimos a una bodega aunque entre que tardamos mil años en salir y luego nos echamos por el mal camino y Andy casi nos tira por el puente. Lo único destacable de esta visita fue que no podía parar de imaginarme a Hanto siendo atacado por una pava real. Bueno, lo de Hanto y mío en este viaje es que en general fue de traca.
Esa tarde nos fuimos a la desembocadura del Duero en un tranvía viejo que molaba mil, y allí estuvimos a punto de morir engullidos por las olas en el rompeolas. Por la noche volvimos a la ciudad para ir al Fantasporto. Primero estuvimos cenando en un Subways y viviendo el momento más awkward de la historia cuando Mjout y Marujón se pusieron con el radiocassette del bar en cuestión a cantar a grito pelado Adele cuando de repente la camarera se acercó y le bajó el volumen. Después, a ver una película que resultó ser bastante inmunda y llena de frases épicas fuera de contexto, cámaras lentas que no venían a cuento y personajes irrisorios. Lo último que recuerdo de aquella noche es que vimos a un gatito con un trozo de pizza, lo cual hizo que Oporto terminase de parecerme el mejor lugar sobre la faz de La Tierra.
Y al día siguiente se acabó lo que se daba.
Javi



